Spanish English Portuguese

QR 3 García Uriburu

El color de la vaca que  parió al caudillo.

 

"Pinto la conexión de lo distinto -decía A. Hernández en 1968- no cosas, sino las circunstancias en que se encuentran (...).Mis obras quieren ser el atajo a una aprehensión integral del mundo que me rodea."

 

Gabriel Peluffo

 

...Y hablando de ideas fundacionales, en la  presencia mural de Anhelo Hernández se postula que el caudillo nace del vientre de una vaca. El dato histórico es casi literal: sin duda que entre los orígenes de nuestra peripecia nacional está aquella mítica y peregrina ocurrencia de Hernandarias. Pero el potencial transgresor y didáctico de ese parto fantástico - equiparable a la escena inicial de "Macunaíma" en la memorable versión cinematográfica de Joaquim Pedro de Andrade - tiene una dimensión tremendista y surreal con la cual Hernández intenta despojar de retóricas nativistas una temática que ha sido desgastada por el discurso oficialista tradicional. 

 

En su pintura, el caudillo no sólo nace de la vaca, sino que muere crucificado en ancas de un caballo desbocado. Esta idea - fuerza cruza el friso mural proponiendo una suerte de reivindicación ética y humanista de la presunta barbarie caudillesca y rural; como si los gauchos de Belloni o de Zorrilla hubieran abandonado las carcasas de bronce  para ir a encontrarse con sus propios fantasmas en la nebulosa trágica de algunas páginas de Acevedo Díaz, de Sarmiento, en algunas máscaras de Goya, o en la torturada geografía de Clemente Orozco.

 

Aquella idea, como tal, posee una fuerza moral e ideológica que ingresa en la pintura modelando su iconología, pero también sometiéndose en un juego dialéctico al orden esencialmente visual de ese lenguaje. A pesar de que hay en la obra de Hernández un discurso fuertemente conceptual que se manifiesta en una sistemática exploración ideológica - producto, en parte, de sus reflexiones personales en el campo de la estética, la sicología, la literatura, la historiografía -, ella se ha mantenido voluntariamente al margen de todo recurso artístico extra - pictórico (como pueden ser los sofisticados lenguajes  derivados del arte conceptual y objetual hoy practicados también desde sólidas posturas ideológicas por muchos  artistas latinoamericanos).

 

II

 El deseo de situar los problemas de la pintura en un plano de autonomía y de universalidad al cual sean arrastrados también los contenidos temáticos localistas no es incompatible, para Hernández, con el proyecto de explorar un provincianismo pictórico voluntario, mantener una relativa impermeabilidad a nuevas propuestas "externas" y lograr, en el arte, lo que postula para la vida: "pararse sobre sus propios riñones". Aun exhibiendo su adhesión a cierta tradición estructuralista de la pintura y, particularmente, al pluralismo y versatilidad sintáctica de Picasso, la obra de Hernández se propone construir un lenguaje desde una circunstancia cultural propia, afincada a una realidad local, con una vocación territorializada. Menudo problema para un artista que voluntariamente - por el acto del desexilio - se sitúa en una sociedad atomizada, que ha subastado sus proyectos de futuro, y en la cual cada individuo debe desesperar en la búsqueda de interlocutores. No es ajena a esta problemática la opción que Hernández realiza para una tematización de "los orígenes" colectivos, discurriendo en torno a la dispersión y a la heterogeneidad caótica de "lo nacional", precisamente en una actualidad vivida también como sumatoria dispersa, como sobrevivencia en pugna de fragmentos sociales y culturales de la más diversa procedencia.

 

III

El asunto de un orden estructural global, es menos perceptible en la densa caligrafía de sus pequeños dibujos y bocetos, que en la pintura mural. Sin embargo es en los primeros - al igual que en muchos de sus grabados - donde libera su gestualidad más espontánea, donde define los ritmos y donde ha procesado los principales cambios de lenguaje, casi siempre experimentados por la exploración pionera del dibujo lineal y luego interpretado en el plano pictórico. 

 

 

  Montevideo, octubre 1993

Visto 17233 veces

snm